domingo, 28 de agosto de 2011

A un hombre bueno




Ausencia, soledad entre la multitud, silencio roto por el llanto, pesadumbre del alma, angustiosa espera del definitivo adiós, mis manos extendidas al infinito para intentar abrazarte, mis palabras ahogadas en el mar del desaliento. Tu ya no estás y desde el primer día ya te echamos de menos, tus palabras, que no entendimos en su momento, toman ahora sentido, has sido un hombre bueno y como tal te recordaremos, te recordaremos al ver las estrellas, en una noche clara de verano, desde tu terraza, te recordaremos encabezando nuestros días de campo, te recordaremos por esas charlas interminables y llenas de sabiduría, te recordaremos como el viejo Gepeto de tus nietos, tu recuerdo será imborrable en nuestra memoria, sabiendo que somos quienes somos en cierta manera por haberte conocido.
Suave viento del norte que traes el frío de la noche, viniste a llevarte algo que no te pertenecía, nos arrebataste el eje de una existencia, el pilar de una familia que se derrumba en la tristeza por la perdida de un ser querido. Oscuridad de una noche que parece no tener fin, en ella andamos perdidos, sin rumbo, desorientados por la tragedia que nos tenía reservada el destino, cruel destino que nos parece injusto y doloroso, que nos golpea brutalmente. El silencio de las palabras hace reinar el imperio de las miradas enrojecidas de dolor, llanto sobre llanto inundan de lagrimas nuestros recuerdos, recuerdos que se esconden en cada rincón de una casa que sin él está vacía y fría.

1 comentario:

  1. Veo que te has lanzado a invadir la blogosfera.
    Ya te tengo en lazado en mi blog para saber cuándo publicas.

    ¡Enhorabuena!
    Nos leemos.

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