sábado, 3 de septiembre de 2011

De un padre a un hijo


El ruido de esa gota de agua que resbala por la boquilla del grifo, esa gota que incesantemente atormenta mis oídos, un rítmico ruido que golpea el esmalte del lavabo, esa gota que atesora en su interior el tiempo transcurrido, esa gota de agua relantiza mi existencia, hace posible que el transcurrir del segundero dure más de un segundo, que las horas se vuelvan eternas, que aprecie el movimiento de las estrellas, que saboree el dulce néctar del aire, que me conmueva con una caricia, que llore como un niño. Gotas que se escurren por entre los dedos de mi mano, escapáis de la prisión en la que me veo, aislado del tumultuoso río de vida que me rodea, inundaciones de amor desbordadas, y yo tan solo soy un espectador, y casi nunca consigo comprender el significado de lo que veo, no alcanzo a entender este mundo tan lleno de sentimientos contradictorios, cae a mis pies la venda de mis ojos, el egocentrismo amenaza con desaparecer y dejarme a solas con el dolor, ya ni esa gota de agua traviesa es capaz de distraer mi pensamientos, que vagan como alma en pena, atravesada por los dardos de la injusticia pueril de la justicia divina, como esas gotas que aparecen y desaparecen ha sido tu compañía, tan breve, tan breve, que apenas he podido conocerte, gota que ya no resbala por la boquilla del grifo, gotas que brotan de los ojos y riegan la tierra que debiste pisar. El corazón se me empequeñece de tal forma que me duele, nubla mi vista, aturde mis sentidos, la ultima mirada, la ultima palabra, el ultimo gesto, no es de un niño, pertenece a un ángel.


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